La Cuarentena: El encierro y los refugios


En marzo comenzó todo. Noticias corrían semanas antes anunciando el paso presuroso de un nuevo virus del que nadie sabía nada. Sabemos muy poco, nos encontramos continuamente ante la sorpresa de lo desconocido. Un día se anunciaba la búsqueda desesperada del primer posible caso de Covid-19 en nuestro país; Uber enviaba un correo masivo sobre la suspensión de varias unidades y en nuestras vidas todo esto parecía lejano.

Nos tomó por sorpresa el anuncio de la suspensión de clases en todo el país.  La sorpresa, otra vez, cuando comenzó ese confinamiento que, aunque nunca fue obligatorio, siempre sonó como la única posibilidad de sobrevivir a una suerte de apocalipsis hollywoodense.

Lo cierto es que llevamos más de tres meses con zozobra, tal vez con miedo, y sin darnos cuenta ciertas palabras, ciertos productos, ciertas conductas han llegado a nuestra realidad. Los más afortunados hemos visto pasar todo este embrollo desde nuestras ventanas, desde patios, jardines, zotehuelas, balcones. Hemos visto pasar una pandemia desde el tedio, la repetición y desde la virtud del aburrimiento.

Los lugares que visitábamos quedaron fuera de nuestro alcance, por voluntad o por la fuerza. Salir a trabajar también se hizo diferente. Calles llenas de fantasmas, vacías de autos y de oficinistas violentos. Aprendimos entonces nuevas maneras de satisfacer los estímulos que no sabíamos que necesitábamos. Twitter se hizo más violento, Spotify, Netflix, Amazon se convirtieron en los radios, ventanas y escaparates más accesibles. Tuvimos que aprender nuevas habilidades, nuevas formas de llenar nuestros huecos emocionales. Tuvimos que convivir con la familia y con los espacios tan reducidos en los que habitamos. Tuvimos que aceptar las costumbres de los otros. Tuvimos que buscar ciertos refugios. Tuvimos, en algún momento, que refugiarnos de nosotros mismos.

Es cierto que algunos llevan practicando el bello arte de escapar de su realidad desde hace muchos años. Sin embargo, durante estos meses muchos tuvimos que aprender a convivir con nuestros demonios. Con esto quiero decir que no nos quedó de otra que enfrentamos a esos vacíos que en la antigua cotidianidad se ocupaban con los ruidos y los múltiples escenarios de nuestro paso por la ciudad. Esos vacíos que cada vez se hacían más grandes y nos obligaban a escuchar nuestras voces interiores, a recordar, a pensar, a dibujar posibilidades en nuestra mente. Poco a poco tuvimos esos momentos de arrepentimiento y de tristeza que nada tenían que ver con la pandemia.

Y entonces los refugios también cambiaron su significado. Somos afortunados los que nos preocupamos de los tiempos muertos y las cuarentenas largas con despensas llenas. Podemos refugiarnos en una canción o en una playlist que nos cura la ansiedad momentáneamente. Nos curamos la tristeza de la adolescencia perdida escuchando canciones. Nos curamos la ansiedad de la inmovilidad con las cervezas que apenas alcanzaban a curar algo. Nos refugiamos en lo inútil y en lo pasajero, pero en esos pequeños detalles, en esos 43 minutos de ficción, en esos 3 y medio minutos supercargados de beats y guitarras violentas, en esas líneas de unos versos que nos encontramos empolvados, en esas macetas que sufrieron nuestra inexperiencia; en todo eso, encontramos una pequeña paz, un rayito de distracción dentro de esta tormenta de estática.

Y los meses pasan y pasarán con nuevas maneras de vivir, con nuevos métodos para sobrevivir la caótica vida citadina. El transporte y la comida, el trabajo, el cine y las relaciones sociales. Todo va a cambiar. Ya era hora de un cambio. Y aunque pocas cosas en realidad transmutarán en un mejor uso de los recursos, ojalá ese poco nos cambie lo suficiente.

Mientras tanto no podemos negar que tuvimos la oportunidad de aprender a estar con nosotros mismos, de vigilar de cerca a nuestros demonios y dejarlos escapar poco a poco como el vapor de una olla de presión. No explotemos bajo ninguna situación. Refugiémonos en las películas y las series. Hagamos un jardín en pequeñas macetas. Leamos lo que nos llene de tranquilidad o furia. Aprendamos a disfrutar cada una de nuestras emociones pues de cada una de ellas aprenderemos algo. Bebamos, bebamos como Dios, como los Dioses mandan. Aprendamos la virtud de dejar pasar el tiempo, de ver las horas seguir. Dominemos la neutralidad del no hacer nada. Entendamos el enorme privilegio que tenemos al poder hacer todo eso.

Y de esta idea viene el renacimiento de Radio Patrañas. Recordamos una juventud de refugios musicales, de tiempos perdidos, de felicidad fugaz, de hazañas insignificantemente majestuosas. Volvimos como manera de ayudarnos a sobrellevar el tedio, pero también porque las voces se acumulaban y se volvían gritos. Necesitamos ayudarnos y entretenernos. Necesitamos hablarles y ser escuchados. Deseamos con ferviente agonía que escuchen unas cuantas voces de aquellas que nos giran en la cabeza y en los mails que ahora sí hemos revisado. Radio Patrañas vuelve con la intención de retomar la fuerza de espíritu que teníamos en la juventud, pero con un poco de la experiencia que nos han dejado los años y los caminos recorridos.

En este mes exploraremos un poco los sonidos clásicos del Rock: Lou Reed y Patti Smith.

Voces que se acercan muchas veces a una experiencia poética, pero con un profundo y poderoso sonido. Actitud, postura, música, palabras, gritos. Dos grandes que marcaron sus épocas con el poder de su presencia.

Además, les traeremos algunas cápsulas sobre mitos, leyendas y pequeñas historias que estarán a cargo de Alsacia Herrera, artista plástica y difusora cultural que nos ha permitido usar su material para que más personas conozcan un poco más de nuestra cultura en un par de minutos.

No dejamos atrás a los videojuegos y este mes un viejo gamer nos contará un poco sobre el Play Station 5, los juegos que se vienen y si vale la pena vender un riñón para satisfacer nuestras necesidades de entretenimiento.

En cuanto a nuestra labor principal, un antiguo colaborador de esta página, Fanótico, nos explicará cómo va la movida de la escena independiente. Quién está haciendo qué y por supuesto, algunos ejemplos de bandas a las que deberíamos echarles un ojo.

Sobre todo esto también estaremos subiendo en forma de podcasts pláticas y segmentos en los que trataremos de profundizar sobre este y algunos otros temas que nuestros camaradas e incipientes podcasters tengan rondando en su cabeza.

Poco a poco nos iremos llenando de voces. El mundo ha cambiado y la forma de trabajar también. La forma de organizarnos, de juntarnos para hablar de los temas es algo completamente nuevo. Pero lo haremos lo mejor que podamos. No nos consumirá la pandemia. No dejaremos que nos atrape la desidia y los temores de las lejanías.  

En fin, sabemos que todo esto pasará. Algunos verán esto desde el futuro distante. Otros no. Disfrutemos el presente, refugiémonos en los pequeños y grandes placeres. Todo esto va a pasar, siempre lo hace. Mientras tanto aquí estaremos, con nuestros ruidos y nuestras voces y…

 

Disculpe usted… pero existimos.


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